viernes, 4 de marzo de 2011

City of Bits

Libro on line de William Mitchell, con el que no solo me siento identificado, sino que también intento una traducción en primera persona haciendo vivencial lo leído vs. lo vivido.

http://mitpress.mit.edu/e-books/City_of_Bits/Pulling_Glass/index.html

Bajo estás líneas mi mal intento de traducción:


A medida que la cuenta atrás del fin del milenio se instauraba en la década de los noventa, incrementaba mi curiosidad por los técnicos que  hurgaban desde sus trincheras. Ellos no eran trabajadores de las alcantarillas o mineros, evidentemente estaban haciendo algo muy diferente. Así que comencé a preguntarles qué estaban haciendo. "rompemos vidrios", fue la respuesta habitual.

Ellos fueron uniendo localmente, fragmentos de lo que se está convirtiendo rápidamente en escala mundial, en la red digital de telecomunicaciones de banda ancha.  Tal como el barón Haussmann había impuesto su gruesa tela de araña, de amplios y derechos bulevares sobre la maraña del antiguo París, y como en el siglo XIX, trabajadores del ferrocarril habían tejido durmientes de acero para reducirle las distancias al viento de la frontera norteamericana,  cualesquiera que sean estos equipos de construcción estaban poniendo en marcha un espacio para la infopista y por lo tanto reconfiguraban las relaciones en su tiempo y espacio de manera que se comprometieron a cambiar nuestras vidas para siempre. Sin embargo, su intervención revolucionaria no se hizo esperar, de manera silenciosa e invisible (para la mayoría de los ojos).

Casi al mismo tiempo, descubrí -al igual que muchos otros- que ya no tenía que ir a trabajar. No es que de pronto me haya vuelto un vago, es sólo que el trabajo ahora venía a mí. Ya no tenía que ir todas las mañanas a la mina, a los campos, a la fábrica, o a la oficina (como mis padres lo habían hecho); yo simplemente llevaba un ordenador portátil ligero, que me permitía tener acceso a todas mis herramientas de trabajo, la información que necesito, y la potencia de procesamiento necesaria. Cuando me quise conectar a la red, sólo fue necesaria una toma de teléfono cercana o cualquier tipo de acceso vía modem. Cada vez más, me di cuenta de que ni siquiera necesita estar cerca de una toma de corriente, mi teléfono celular de bolsillo podría hacer el trabajo. Tampoco, en la edad de los Walkman , tuve que ir al teatro para entretenerse. Más y más de los instrumentos de la interacción humana, y de la producción y el consumo, se están miniaturizados, desmaterializando, y cortando lazos con ubicaciones fijas.

¿Cómo fue diseñado y construido el portátil en el que estoy escribiendo (desde una sala del aeropuerto) estas letras? No fue hecho de la misma manera en la que un antiguo artesano ideaba con amor un violín Stradivarius, ni en alguna de esas extensas líneas de fábrica fordistas. Sus componentes y subconjuntos fueron diseñados y fabricados al mismo tiempo en lugares dispersos en todo el mundo-desde Silicon Valley a Singapur y los sistemas de Diseño Asistido por Ordenador (CAD), equipos controlados de procesos, y los robots industriales se utilizaron en cada paso de la fabricación de componentes y operaciones de montaje del producto, que pese a estar separados geográficamente, las entregas de todos sus componentes  fueron cuidadosamente orquestados evitando tanto la escasez y el almacenamiento innecesario. Varios diseños, fabricación de componentes, y las tareas de montaje del producto se realiza no dentro de una única industria corporativa, sino por diferentes miembros de una alianza internacional compleja. El software, que elegí e instalé, es tan importante como el hardware. Ahora que este artefacto complejo está en mis manos es de uso intensivo, pero su vida útil es corta y pronto será obsoleta. Cuando ya no me puede conectar con el entorno de la información electrónica de manera más eficaz que algunos productos de la competencia (a pesar de que todavía funciona perfectamente), me limitaré a transferir mi software y los datos y a sustituirlo o reciclar la basura, en el ecosistema de la información vemos una serie de feroces e interminables mutaciones darwinianas que rápidamente eliminan a los que ya no son capaces de adaptarse y competir. Ni la clase artesana tan apasionadamente defendida por Ruskin y Morris, no es duradera, estandarizada, producida en masa, el tipo de cosas con las cosas que fascinó a los primeros modernistas, mi laptop es un producto emblemático de la era de la información electrónica.


Los textos que siguieran a continuación reintentarán la arquitectura y el urbanismo en el nuevo contexto sugerido por estas observaciones, el de la revolución de las telecomunicaciones digitales, la miniaturización de la electrónica actual, la mercantilización de bits, y el dominio creciente del software las formas materiales. Se bosquejan las ciudades emergentes, pero todavía invisibles del siglo XXI. Y argumentan que la tarea más importante que tenemos ante nosotros no es la de poner en marcha la instalación de cañerías digitales que sirvan de enlace para las comunicaciones de banda ancha y asociarlas con artefactos electrónicos (que vendrán, ciertamente, de todos modos), ni siquiera la de empezar a  producir por vía electrónica "contenidos", pero una vez imaginados creamos entornos digitalmente ambientados al tipo de vida que queremos llevar y el tipo de comunidades que queremos tener.

¿Pero, porqué importa? ¿Por qué debemos preocuparnos por este nuevo tipo de problema de diseño arquitectónico y urbano? Es importante porque las nuevas estructuras cívicas y arreglos espaciales de la era digital afectará profundamente a nuestro acceso a las oportunidades económicas y servicios públicos, el carácter y el contenido del discurso público, las formas de actividad cultural, la promulgación de la energía, y las experiencias que dan forma y textura a nuestras rutinas diarias. Los cambios masivos e imparable están en marcha, pero no son sujetos pasivos incapaces de dar forma a nuestro destino. Si entendemos lo que está pasando, y si somos capaces de concebir y explorar futuros alternativos, podemos encontrar oportunidades de intervenir, a veces para resistir, para organizar, para legislar, para planificar y para diseñar.